La atmósfera en el apartamento era tensa, cargada de una electricidad palpable que amenazaba con estallar en cualquier momento. Aitana mantenía la vista fija en Javier, con el maletín apretado entre sus manos. Cada segundo que pasaba parecía eterno, un suspiro suspendido en el aire. La traición, la desesperación y la rabia se entrelazaban en su mente, formando una marea creciente de emociones que la empujaban a tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre.
Javier seguía de pie frente a