La tensión en el aire era palpable. Aitana y Elena se deslizaban en la oscuridad del edificio, las luces apenas encendidas y la humedad envolviendo cada rincón. El lugar estaba desierto, al menos en apariencia, pero cada paso que daban resonaba con el eco de lo que estaba por suceder. Los pasillos estrechos, las puertas metálicas que se cerraban con un resorte, el olor a polvo y a hierro oxidado... todo en el ambiente hablaba de secretos guardados, de decisiones tomadas en la penumbra.
Ambas sa