El sol comenzaba a esconderse en el horizonte, bañando la ciudad con una luz dorada que hacía que las sombras parecieran alargarse como presagios de lo que estaba por suceder. La tensión que había acumulado Aitana durante todos esos días se sentía en el aire, casi palpable. Con cada minuto que pasaba, las piezas del rompecabezas se acercaban más a su resolución, pero en ese momento, aún quedaba una última pieza que necesitaba encajar.
Después de la confrontación en el cuarto oscuro, Aitana habí