El eco de las palabras de Nicolás resonó en las paredes de la oficina, dejando a Aitana y Javier en un estado de shock momentáneo. La propuesta que les había hecho no era solo una amenaza vacía. Sabían que él no temía jugar con la vida de los demás, y lo que les ofrecía era una oportunidad envenenada, un trato que podría destruirlos o dejarlos atrapados para siempre en un juego del que no habría salida.
La pantalla se apagó, sumiéndolos en la penumbra. Un pesado silencio se apoderó de la sala,