Podía sentir el calor de mis venas, la sangre circulando más rápido de lo normal, los latidos haciendo eco en mis oídos.
Lo que sentí fue más allá que liberador.
—No te estoy engañando, Charlotte —Se limitó a decir.
—¿Y cómo quieres qué te crea? ¿Sólo porque tú me lo dices? —Le grité, tomando la carpeta una vez más para arrojarla en el suelo—. ¿Por estos papeles qué podrían ser falsos? ¿Cómo sé qué no los falsificaste?
—¡Charlotte, me he dedicado a cuidarte! —Sus ojos parecían librar una ba