El mundo me daba vueltas. Aún podía escuchar el eco de los disparos y los gritos resonando en mi cráneo. Mi cuerpo temblaba en contra de mi voluntad. Quería creer que era por la fría brisa del muelle, pero me estaría mintiendo a mí misma.
Mis ojos estaban clavados en la forma inmóvil de Charles en la cubierta. La sangre que había sido de mi padre, y ahora también suya, se sentía fría y pegajosa contra mi piel.
Entonces, él estuvo allí.
Frederick.
Cruzó la cubierta del yate en tres zancadas lar