Jamás había visto a Cenizas atacar a nadie, ni siquiera a Frederick. Una cosa era jugar y fingir que me mordía, pero por la forma en la que gritaba, supe inmediatamente que en verdad le había clavado los colmillos.
Me quedé en mi lugar, impactada por lo que estaba observando.
Cenizas se negaba a soltar su tobillo, aferrándose como si fuera la última croqueta en el plato.
Miranda gritaba, desesperada, agitando la pierna, hasta que por fin logró liberarse, pero quien conoce de gatos sabe que n