Capítulo 38.
La taberna estaba visiblemente llena a pesar de que apenas era media mañana.
Dos hombres salieron despedidos por la puerta principal casi al mismo tiempo y rodaron sobre el barro entre maldiciones.
Detrás de ellos aparecieron dos sujetos corpulentos que cruzaban los brazos con expresión impasible.
—¡Y no vuelvan hasta que tengan con qué pagar! —gritó una mujer entrada en años desde el umbral—. ¡Aquí no se fía ni una gota de cerveza!
Uno de los hombres intentó ponerse de pie para responderle