Capítulo 37.
Durante los días siguientes a la muerte de mis padres, seguí las huellas de esos monstruos.
Dormí bajo los árboles. Bebí agua de los arroyos.
Comí las pocas bayas que encontraba durante el camino.
Las plantas de mis pies terminaron cubiertas de heridas, pero jamás me detuve.
Cada paso me acercaba a ellos. Cada paso alimentaba mi deseo de hacerlos pagar.
Pero todo cambió cuando llegué a las cercanías del Bosque Maldito.
Incluso sin conocer su ubicación, cualquiera habría sabido que a