Capítulo 41.

Los caballos redujeron la velocidad hasta detenerse por completo.

Levanté la vista.

Dos enormes lobos grises permanecían inmóviles en mitad del camino. Permanecían atentos, con las orejas erguidas y los ojos clavados en la carreta.

Entonces ambos comenzaron a cambiar.

Sus patas delanteras se alargaron, los huesos crujieron y el pelaje desapareció bajo la piel hasta que dos hombres quedaron frente a nosotros, como si aquello fuera la cosa más natural del mundo.

Había presenciado esa transfo
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