Capítulo 42.

El agua arrastró la tierra, la sangre seca y el olor del humo que aún parecía aferrarse a mi piel.

Permanecí unos segundos inmóvil dentro de la tina.

Cerré los ojos.

Por un instante imaginé que todo aquello no era más que una pesadilla.

Que al salir de aquella habitación encontraría a mi madre preparando la cena y a mi padre remendando alguna herramienta junto al fuego.

Abrí los ojos.

Solo encontré paredes desconocidas.

Salí lentamente de la tina.

Tomé una de las sábanas para se
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