Maya
Caminar por estos senderos, sintiendo la tierra vibrar bajo mis pies descalzos, era una experiencia casi divina. Cada vez que mi piel rozaba la de Dominic, una descarga de estática recorría mi columna. El vínculo estaba completo; el apareamiento de anoche había sido un estallido de poder y entrega que me había dejado exhausta y, a la vez, renacida.
Sentía sus emociones como si fueran mías. Podía percibir su orgullo, su fuerza dominante y esa satisfacción animal que rugía en su pecho cada v