Emma no esperó a que él se lo dijera dos veces.
En cuanto Magnus bajó el lomo y gruñó, ella saltó al árbol más cercano y trepó sin mirar atrás. Las ramas le cortaron las palmas. No le importó. Subió lo suficiente para quedar fuera del alcance directo y se aferró al tronco con las piernas mientras abajo el mundo se convertía en algo que no quería ver, pero no podía dejar de mirar.
Williams avanzó. Era enorme, más que Magnus, con el pelaje oscuro y ese peso de Alfa que no era solo músculo, constr