Capítulo 31
Emma
Llevaba dos horas llorando y ya ni siquiera me salían lágrimas. Solo me quedaba ese nudo seco en la garganta que no se iba por más que tragara saliva.
Estaba sentada en el borde de la cama, con las rodillas pegadas al pecho y la cara hinchada de tanto frotármela con las mangas. No podía creerlo.
Dominic se iba a casar. Con otra. Con una loba que ni siquiera conocía, y no me había dicho ni una palabra.
Me lo había ocultado como ocultaba todo lo demás: su verdadera naturaleza, sus