Como estar en el cielo.
Emma
Me senté otra vez.
El movimiento de la zona aumentó de golpe. Otras reclusas regresaban del desayuno. Pasaban por los pasillos, se detenían en los barrotes, miraban hacia dentro y seguían caminando. Algunas se quedaban más tiempo. Olfateaban. Preguntaban desde fuera.
—¿Esa es?
—¿La de Stone?
—¿La amante del Alfa?
—¿La humana?
—No parece gran cosa.
Me metí las manos entre las rodillas y apreté los dedos.
El lugar no tenía paredes. Todo estaba hecho de barrotes. Desde mi esquina podía ver la