Dominic
Subí las escaleras sin detenerme.
El guardia que me había dado el aviso quedó atrás, pero sus palabras siguieron conmigo hasta la puerta de la habitación.
Abrí sin llamar y la vi en la cama, recostada entre almohadas, pálida, con una mano sobre el vientre y la mirada fija hacia un lado.
Me acerqué rápido.
—Maya.
Ella no giró el rostro.
Me senté en el borde de la cama, la tomé entre mis brazos y la besé en la frente, en la mejilla, en la boca. Estaba fría. Demasiado quieta. Puse una mano