85. Un nuevo día
85
El rugido de los motores cortó la noche.
Las dos camionetas avanzaban a toda velocidad por el camino angosto que bordeaba el bosque. La tierra se levantaba tras ellos como una nube espesa mientras las luces de los vehículos del equipo de Héctor se acercaban cada vez más.
Dentro de la primera camioneta, Ryder tenía el volante sujeto con fuerza. Seraphina miraba por el espejo lateral con el ceño fruncido.
—Son tres —dijo ella, agachándose un poco para cargar el arma que tenía a los pies—. Y