78. Misterio envuelto en un engaño
78
Héctor
—Señor… ¿cómo procedemos?
La voz de mi subordinado rompió el silencio de la solitaria sala de juntas.
No respondí de inmediato. No podía.
Tomé el informe con fuerza y le eché una última mirada antes de hablar.
—Voy a mi oficina. Que nadie me moleste —dije, con una voz tan fría como el hielo que empezaba a apoderarse de mi interior.
Me giré y caminé sin más palabra. Cada paso que daba se sentía más pesado, como si el contenido de esos papeles se hubiera adherido a mi piel.
Al l