41. No podía perderla
41
Sera
El coche comenzó a sacudirse y a hacer sonidos raros; había ido demasiado rápido, había forzado demasiado el motor. A lo lejos vi un pequeño pueblo polvoriento, como salido de otra época, iluminado apenas por unos faroles viejos.
El corazón me latía tan fuerte que me dolía.
Conduje a trompicones hasta que el coche se detuvo frente a lo que parecía ser una tienda de abarrotes antigua. Me bajé temblando, tropezando con mis propios pies, mientras miraba hacia todos lados, temiendo que e