35. Un bar, un encuentro... embriaguez
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Noelia
Salí furiosa de la oficina de ese supuesto prometido que se había burlado de mi amiga.
Me lancé al asiento trasero del auto y cerré la puerta de un golpe.
Sentía que la rabia me devoraba viva.
—Llévame a un bar —le dije a Claudio, mi chofer— o puede que me devuelva a matarlo.
—Sí, señorita Hazelwood —respondió, siempre atento y sin atreverse a mirarme por el espejo retrovisor.
No era un bar cualquiera.
Era uno de esos bares exclusivos, de la élite de lobos, oculto a simple vista bajo