36. Dos rondas más
36
Blake
El trayecto al hotel fue una tortura deliciosa.
Cada movimiento de Noelia sobre mí era una provocación directa a mis instintos más primitivos.
Su olor, mezcla de lobo y hembra lista para el pecado, llenaba el reducido espacio del carro, haciendo que me costara no arrancarle la ropa allí mismo.
Cuando el auto frenó frente al hotel, apenas esperé a que Claudio saliera para abrirnos la puerta.
Tomé a Noelia de la mano y la jalé conmigo, como un hombre moribundo buscando su única fuente de