56.
Sara
El aire me golpea apenas cruzo las puertas del hospital.
No estoy preparada. No todavía. Ni nunca.
Los flashes llegan primero, cegadores, violentos, como pequeñas explosiones frente a mis ojos. Después las voces. Muchas. Demasiadas. Se superponen, se pisan unas a otras, me atraviesan sin orden.
—¡Sara!
—¡Señora Banks!
—¿Es cierto que Michael la dejó por su amante?
—¿Qué puede decirnos del embarazo?
—¿Sabía que eran gemelos?
Me quedo paralizada un segundo.
Solo un segundo, pero es suficiente para que se me vengan encima.
Siento micrófonos rozándome el rostro, cámaras demasiado cerca, cuerpos invadiendo mi espacio. Doy un paso atrás por reflejo, como si pudiera volver a esconderme dentro del hospital, pero ya es tarde.
—No voy a responder —digo, o creo decir, porque mi voz suena extraña, ajena—. Por favor, déjenme pasar.
Nadie escucha.
—¿Va a divorciarse?
—¿Se siente traicionada?
—¿Es verdad que él ahora vivirá con Raquel?
Cada pregunta es una cuchillada distinta. Algunas no las en