─Ya la cabaña está casi lista ─anunció─. ¿Tienes hambre?
Leslie separó los labios para negar, puesto que había comido demasiado en casa de los padres de Duncan antes de salir y no quería abusar de su hospitalidad, pero el rugido de su estómago le quito la posibilidad de decidir. Con una sonrisa, Duncan tomó su mochila y se sentó a su lado. Su cercanía de sentía tan agradable que la idea de protestar por ella ni siquiera pasó por la mente de la chica, quién más bien se acurrucó inconscientemente