Isobel parpadeó, sin poder creer que ese hombre fuera tan cínico como aparecerse en las tierras de su familia luego de tanto tiempo ausente a la vez que Graham también lo hacía. Era como un cáncer sin cura del cual su esposo no podía deshacerse hiciera lo que hiciera. Tras vestirse con un vestido azul cuyo corsé ordenó que no apretaran demasiado y dejar su cabello mojado suelto sobre sus hombros para que se secara más rápido, se echó un vistazo al espejo de metal y sonrió mientras acariciaba su