Danna prestó atención a Eurides mientras respiraba con normalidad y abría los ojos. Después de un breve instante, le hablo con una voz llena de ansiedad.
—¡Eurides! ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?
Eurides miró a Danna con asombro y trató de encontrar las palabras adecuadas para describir lo que había experimentado. Sus ojos brillaban con emoción mientras respondía.
—Me siento bien —con una expresión de sorpresa y alegría continuó—. ¡Danna! De repente sentí como todo el dolor y la angustia desapa