En el bosque, cerca de la manada Vilkas, corría una mujer exhausta, con sed; sentía que su cuerpo no podía más. A pesar de ser bruja, no escapó de la maldad de un lobo malicioso que la atrapó desprevenida y castigó para servir como esclava en la cama. Corrió sin rumbo, no tenía aliento. Había corrido toda la noche, cansada y sin visión, se lanzó al pie de un viejo roble.
Al amanecer, Huldra salía por el bosque a estirar las patas. Corrió a toda velocidad hasta el límite de la manada y se subió