Ares, con paso decidido, llegó al viejo roble y buscó sus vestimentas, camino hacia la mansión y se adentra, subió las escaleras y camino el pasillo hasta llegar a su habitación, su mirada recorrió la estancia sintiéndose vacío, y un suspiro escapó de sus labios mientras se dejaba caer sobre la cama con una mezcla de emociones en su interior.
La sorpresa inundó sus sentidos, pues ahora comprendía que el destino lo había unido a su mate por casualidad, no porque hubiera percibido el vínculo. La