Los latidos de su corazón se tornan intensos y muy rápidos mientras ella corre detrás de Bratt, quien ya ha llegado al estacionamiento.
—¡Espera! —grita desesperada.
Al cabo de unos segundos, Lilia lo alcanza y se apresura a abrazarlo. Acto seguido, empieza a llorar contra su pecho.
—Detente, por favor —ruega entre sollozos.
—Le daré su merecido a ese maldito infeliz. Me tiene harto, ¿sabes? —Aprieta la mandíbula y se recuesta de su vehículo—. Estoy cansado de que ese malnacido te haga sufrir.