El dedo tembloroso presiona la opción de llamada y, de inmediato, ella escucha el timbre por medio de los auriculares que se aferran a sus orejas.
Desde que percibe que la llamada entra, Lilia empieza a hablar sin esperar a que su objetivo conteste:
—Adrián, necesito que te quedes con Alan por unos días más, por favor.
—¿Por qué? ¿Acaso te piensas ir de rumba con el noviecito de pacotilla que ahora tienes? —Su respuesta tosca sale de impulso, con un tono de reclamo que irrita a Lilia.
—¡Escúch