En el hospital, Lilia llora desconsolada en un rincón. Se imagina todo lo que Bratt debe estar haciendo con esa mujer y eso la tortura de forma cruel.
Le causa mucha rabia recordar la manera para nada disimulada con que Bratt miró a aquella chica de cuerpo perfecto, pero lo que más le dolió fue ver cómo él se saboreó los labios al detallar las curvas de ella.
—Ay, Lilia, tú nunca aprendes —se lamenta entre sollozos—. Ya basta de soñar con que algo bonito y especial te sucederá, tú no te lo mere