El sábado amaneció con un sol radiante que parecía burlarse del nudo de angustia que se anudaba en mi estómago. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de Julián. Su desaparición me perseguía como una sombra, recordándome que en este juego de poder, los peones siempre son los primeros en caer. Sin embargo, no podía permitirme el lujo de desmoronarme hoy. Tenía una cita con mi pasado, con mis raíces y con el orgullo de una familia que me había dado la espalda cuando más los necesité.
—¿Est