Capítulo LXXI

La mañana se hizo de pronto, en un cerrar y abrir de ojos, el día estaba asoleado, la brisa movía las hojas de los árboles, como invitándola, a bailar. Se escuchaba el sonido de las aves entonando múltiples canciones, el oleaje del mar estaba apaciguado, tranquilo, sereno, no se podía pedir más a la bella naturaleza.

Todos estaban desayunando, cuando repicó el teléfono residencial, Dolores caminó apurada con pasos cortos, pero rapiditos y enseguida contestó.

—Buenos días, casa de la familia Lon
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