93. Te consumiré
Isabel
Entramos en su habitación. Es un espacio que respira su esencia: sobrio, oscuro, imponente. Me deposita con cuidado sobre la cama de sábanas negras y se queda de pie frente a mí, observándome con una intensidad que me hace sentir desnuda, incluso con la ropa puesta.
Me quedo silenciosa, sentada en el borde del colchón, jugueteando con mis dedos. El peso de lo que estamos haciendo, de lo que esto significa para mi vida y para el caso, cae sobre mí.
—Habla conmigo, Isabel —su voz interrump