39. Culpable
Isabel
El estudio de Dante huele a él: tabaco caro, libros antiguos y una nota de peligro que parece impregnada en las paredes de madera. Pero ahora, ese aroma se ve asfixiado por el perfume floral y persistente de Gianina. Ella está sentada frente a mí, con una pierna cruzada y una libreta sobre la rodilla, observándome con una calma que me resulta antinatural.
Me siento pequeña en este sillón de cuero, con mis muletas apoyadas a un lado como recordatorios metálicos de mi fragilidad.
—No tienes