31. Moral gris
Isabel
—Cuidado, pajarito —su voz suena como el crujido de la tierra antes de un terremoto. Es ronca, cargada de una advertencia que me hace temblar—. No quieras provocar a la bestia.
El calor que me cubre el cuello y el rostro al escucharlo no puede ser del todo normal. Dios, nunca me había sonrojado tanto en mi vida, o me había sentido tan… atraída por alguien.
Mucho menos por alguien tan moralmente dudoso, porque si había una definición de moral gris entonces ese era Dante. ¿Qué demonios le