28. No me engañas
Dante
El ardor en mi hombro es una brasa que alguien intenta apagar con gasolina. Siento el calor líquido de la sangre bajando por mi espalda, trazando un camino pegajoso hasta la cinturilla de mi pantalón, pero mi mente está en otra parte. Está en el pulso débil de Cecilia, en los gemidos de dolor de Matteo y en la carnicería que ha manchado el mármol de mi vestíbulo.
El médico, un hombre que ha visto demasiadas heridas de guerra para su propia salud mental, duda frente a mí. Sus ojos saltan d