173.
Dante
El silencio del estudio es mi peor castigo. Sigo aquí metido, con la mirada clavada en la superficie de madera oscura del escritorio, donde el teléfono de Isabel todavía parece quemar con la imagen de esa maldita fotografía. La Bestia en mi cabeza no se ha callado un solo segundo; ruge, exige sangre, me pide a gritos que salga a la calle, que busque a Gianna, que arrastre a Petrov fuera de sus alcantarillas y los destroce con mis propias manos. Pero lo que más me descoloca, lo que de ver