132. Cállate
Isabel
La vibración en el aire del sótano es tan densa que casi puedo saborearla en la lengua. Es una mezcla de sudor, hierro, sangre fresca y esa corriente eléctrica que siempre se enciende entre Dante y yo cuando estamos a punto de destruirnos o de salvarnos.
Le acabo de decir que no me voy a ir, que no entiendo por qué le cuesta tanto creer que quiero estar aquí, a su lado, y su espalda ancha, cubierta de una fina capa de sudor que brilla bajo las luces mortecinas, se tensa todavía más.
No