Diego lanzó el cristal al suelo frente a Sergio y Carlos. Al estrellarse se agrietó, aunque la luz seguía parpadeando en su interior, y cuando lo levantaron desconcertados, la pantalla cobró vida y el color se les fue del rostro.
El cristal guardaba todas las pruebas.
Desde que Elena puso un pie en nuestro hogar, había empezado a urdir su plan: destruyó a propósito su propio juguete para echarme la culpa y enfurecerlos, me convenció de comprarle una torta de almendras hace unos días solo para co