Elena se precipitó hacia él con desesperación, pero en el momento en que sus dedos rozaron su pelaje, los instintos lobunos de Diego estallaron.
Sus ojos se encendieron de un rojo ardiente y con un gruñido furioso la apartó de un golpe.
—¡Aléjate de mí!
El rugido del Alfa Diego resonó por toda la cámara con una fuerza devastadora que estremeció las paredes.
Elena cayó al suelo con el rostro pálido de terror, las lágrimas corrían por sus mejillas pero ya no resultaban convincentes. Su actuación d