La cena terminó mucho más tarde de lo que Alexander hubiera querido.
Las luces del comedor principal aún brillaban con esa elegancia fría que siempre le había parecido excesiva. Patricia, su madre, seguía hablando del bebé con un entusiasmo que comenzaba a resultarle agotador.
Natasha, a su lado, sonreía y asentía con esa calma perfecta que últimamente le parecía demasiado ensayada y sin sentimientos.
Y Damián… Damián apenas había hablado desde aquella última tensión en la mesa. Sus ojos, sin