Alexander permaneció unos segundos más junto a la cama de Emma antes de levantarse.
El peso de su propio cuerpo le pareció más pesado de lo habitual.
La habitación estaba a oscuras, solo iluminada por la lámpara de noche que proyectaba sombras suaves sobre las paredes.
El aire olía a medicina, a sudor frío y a ese leve aroma floral que siempre parecía acompañar a Emma, incluso en su estado más vulnerable.
La observó en silencio.
La fiebre había bajado un poco, el termómetro lo confirmaba, pe