Rubén sintió como si estuviera frente a una pantalla de televisión que no dejaba de acercar la imagen, más y más. En ella, tres figuras se materializaron y caminaron hacia él, cada vez más nítidas. Con gran sorpresa, reconoció que el más pequeño no era otro que él mismo de niño. Junto a él, un hombre con uniforme militar sostenía una vara delgada y lo miraba con atroz severidad. Su madre, con el rostro bañado en lágrimas, observaba a su hijo y luego dirigía una mirada suplicante a su esposo, pe