—Sí, voy contigo.
Apenas lo dijo, recordó que ya tenía un trabajo y se apresuró a añadir:
—Bueno, tendría que pedir permiso en el trabajo. Avísame cuándo exactamente para hablar con Francisco y pedirle los días.
—De acuerdo —asintió él, visiblemente contento.
—Perfecto, entonces así quedamos. Y gracias… por preocuparte tanto por mi hermana.
—Bianca, yo… —quiso explicarle Efraín.
Pero vio que ella ya se alejaba y corrió para alcanzarla.
—¿A dónde vas ahora?
—De regreso al estudio de diseño.
—Yo