Efraín ya había perdido la cuenta de cuántas veces había llamado, pero el celular seguía apagado. “¿A dónde te fuiste, Bianca?”
—Presidente —dijo Carlos Torres, su asistente, de pie a su lado. Realmente no esperaba que las cosas terminaran así. Si lo hubiera sabido, jamás habría dejado que Bianca entrara en la oficina de su jefe. Era un pésimo asistente, ¿acaso había olvidado cómo manejar las cosas? Carlos se quedó cabizbajo, lleno de remordimiento.
Efraín, exasperado, marcó el número de Claudi