Francisco salió del baño vestido con ropa cómoda y casual. A su madre se le iluminó la cara al verlo; no cabía duda de que su hijo era muy apuesto.
—Mamá, no me veas así, que me intimidas —bromeó él.
—Oye, Francisco, hoy te tienes que arreglar bien, ¿eh?
—¿Para qué? —preguntó él, levantando la vista. Al ver la cara sonrojada de su madre, supo que algo se traía entre manos.
—¿Papá? —insistió, buscando el apoyo de su padre, quien usualmente era más directo. Pero esta vez, su táctica no funcionó;