Al llegar a la habitación, Bianca vio con asombro el vendaje en la cabeza de Francisco.
—¿Qué te pasó?
—Nada, un pequeño percance en el camino. El doctor ya me atendió. No te preocupes. ¿Y tu mamá, no está? —dijo él con una sonrisa tonta. No podía decirle que había chocado por ir pensando en ella.
—Mi mamá tuvo que ir a la empresa. Mi papá acaba de comer y se quedó dormido. —Bianca lo miraba con una preocupación evidente reflejada en sus ojos, una preocupación que a Francisco le provocó una sen