Al llegar a casa, Efraín se sorprendió al encontrar a Diana parada frente a su puerta. Tenía la mirada perdida y daba la impresión de llevar un buen rato esperándolo, completamente desconsolada.
Se acercó a ella a toda prisa.
—¿Diana? ¿Qué pasa? ¿Fue Rubén? ¿Te hizo algo?
La voz de ella sonó frágil y quebrada.
—Efraín, tengo tanto frío… ¿me abrazas, por favor?
—Vamos, entra. Aquí afuera te vas a congelar.
La rodeó con un brazo y la guio hacia el interior de la mansión.
La ayudó a sentarse y le