En la habitación, ambos se acomodaron en la cama. Brenda, como de costumbre, se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su pecho. Haidar, aún sintiéndose culpable, comenzó a trazar círculos suaves sobre su hombro. Era un gesto que siempre la calmaba, y poco a poco, Brenda fue cediendo al sueño.
Haidar cerró los ojos, dejando que el cansancio físico lo venciera, pero su mente estaba lejos de la paz.
De repente, el sueño se volvió oscuro, y las imágenes del pasado comenzaron a tomar forma. Era