Cuando Brenda escuchó que las mujeres finalmente abandonaban el baño, dejó escapar un suspiro tembloroso. Había contenido su enojo y su tristeza durante toda la conversación, pero ahora que estaba sola, las palabras de esas desconocidas destrozaban todo en ella. Lentamente, salió del cubículo y se dirigió al lavabo. Abrió el grifo y dejó que el agua fría corriera sobre sus manos, buscando calmarse.
Se miró al espejo. La mujer que le devolvía la mirada no parecía ella misma. Era alguien vestida